Así fue la velada del pasado sábado. Una noche familiar cargada de ARTE Y ARTISTAS.

La murciana Isabel Ruíz deleitó a un numeroso público en nuestro Teatro Coliseo. Una gran artista que demostró el porqué de su éxito en su tierra y fuera de nuestras fronteras. Isabel canta como los ángeles y lo hace a través de la copla, el bolero, las baladas, o las colombianas.

Y ese repertorio fue enganchando al público villacarrillense durante una actuación muy emotiva en la que hizo guiños a su tierra, Murcia pero también a la de su familia, Villacarrillo. Porque Isabel se rodeó de familia, la misma con la que se propuso compartir un fin de semana, a buen seguro, maravilloso.



A su talento se unió el de una de nuestras figuras más emergentes, Carlos Camacho al baile que acompañó a la murciana en alguna de sus piezas y en dos bailes en solitario. Otra parte de la familia hizo amenos los descansos y cambios de vestuario; la familia de Paco Moya con Ángel Muñoz a la guitarra eléctrica o el pequeño sketch que se marcaron los hermanos Peralta (también familia) Luis y Ángel.


A pesar de las dificultades técnicas la noche fue avanzando in crescendo para terminar con un público totalmente entregado. Una de esas “magias” que se viven de vez en cuando en nuestro Coliseo.



La murciana Isabel Ruíz deleitó a un numeroso público en nuestro Teatro Coliseo. Una gran artista que demostró el porqué de su éxito en su tierra y fuera de nuestras fronteras. Isabel canta como los ángeles y lo hace a través de la copla, el bolero, las baladas, o las colombianas.

Y ese repertorio fue enganchando al público villacarrillense durante una actuación muy emotiva en la que hizo guiños a su tierra, Murcia pero también a la de su familia, Villacarrillo. Porque Isabel se rodeó de familia, la misma con la que se propuso compartir un fin de semana, a buen seguro, maravilloso.



A su talento se unió el de una de nuestras figuras más emergentes, Carlos Camacho al baile que acompañó a la murciana en alguna de sus piezas y en dos bailes en solitario. Otra parte de la familia hizo amenos los descansos y cambios de vestuario; la familia de Paco Moya con Ángel Muñoz a la guitarra eléctrica o el pequeño sketch que se marcaron los hermanos Peralta (también familia) Luis y Ángel.


A pesar de las dificultades técnicas la noche fue avanzando in crescendo para terminar con un público totalmente entregado. Una de esas “magias” que se viven de vez en cuando en nuestro Coliseo.






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