Eslava Teatro de Madrid ha triunfado entre el público más joven de Villacarrillo. La maestría de esta veterana compañía teatral ha servido para hacernos disfrutar, a grandes y chicos, durante dos días consecutivos dentro de un mini festival que ya se ha convertido en una tradición en nuestro Otoño de Teatro. Dos apuestas muy diferentes para diversas edades. Han participado cuatro colegios y casi seiscientos niños y niñas.
Durante la
primera jornada, los más pequeños conocieron las aventuras y desventuras de uno
de los gatos más famosos del planeta; EL
GATO CON BOTAS.

Una adaptación del cuento de Charles Perrault de la que ya nos ocupamos hace un tiempo y que ahora hemos visto engrandecerse en contenido: se nota el rodaje, ahora es más divertida.

Una adaptación del cuento de Charles Perrault de la que ya nos ocupamos hace un tiempo y que ahora hemos visto engrandecerse en contenido: se nota el rodaje, ahora es más divertida.
Pero nos queremos centrar
en la adaptación que la compañía ha realizado del texto de José Luis Alonso de
santos; “La sombra del Tenorio”.

Revisitamos los personajes de la obra mítica del teatro español, por segunda vez, en menos de un mes. En este caso, David González Rizzo, director y actor del montaje, nos ofrece una soberbia interpretación de Saturnino García. No vamos a volver a hablar de la trama- por todos conocida- pero sí destacar que en esta versión nos encontramos con una mezcla de humor, melodrama y una elegante y pausada intensidad que nos dejó con la boca abierta.

Capaz de hacer reír y callar a un grupo de doscientos adolescentes que pasaron del momento más divertido (segunda parada de la obra en la que el actor adaptó sus anécdotas al joven público) para asistir, minutos después, al tramo final y más dramático de la pieza. Un espectáculo cargado de matices y sencillos efectos que acompañan una interpretación (repetimos) que es lo mejor que le hemos visto a González Rizzo en las tablas del Coliseo.

En un perfecto castellano, nos sedujo, de tal manera, que no pudimos despegar los ojos del escenario en algo más de hora y media. Y no lo decimos nosotros, pregunten también a los profesores de los colegios S.A.F.A y Nuestra Señora de las Mercedes…

Revisitamos los personajes de la obra mítica del teatro español, por segunda vez, en menos de un mes. En este caso, David González Rizzo, director y actor del montaje, nos ofrece una soberbia interpretación de Saturnino García. No vamos a volver a hablar de la trama- por todos conocida- pero sí destacar que en esta versión nos encontramos con una mezcla de humor, melodrama y una elegante y pausada intensidad que nos dejó con la boca abierta.

Capaz de hacer reír y callar a un grupo de doscientos adolescentes que pasaron del momento más divertido (segunda parada de la obra en la que el actor adaptó sus anécdotas al joven público) para asistir, minutos después, al tramo final y más dramático de la pieza. Un espectáculo cargado de matices y sencillos efectos que acompañan una interpretación (repetimos) que es lo mejor que le hemos visto a González Rizzo en las tablas del Coliseo.

En un perfecto castellano, nos sedujo, de tal manera, que no pudimos despegar los ojos del escenario en algo más de hora y media. Y no lo decimos nosotros, pregunten también a los profesores de los colegios S.A.F.A y Nuestra Señora de las Mercedes…







